| 1 cuota de $15.000,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $15.000,00 |
| 2 cuotas de $8.961,75 | Total $17.923,50 | |
| 3 cuotas de $6.222,50 | Total $18.667,50 | |
| 6 cuotas de $3.547,75 | Total $21.286,50 | |
| 9 cuotas de $2.638,33 | Total $23.745,00 | |
| 12 cuotas de $2.220,00 | Total $26.640,00 |
Para crear una Teoría del color, Gastón Domínguez dibuja su propio círculo cromático. Sólo que en verdad es una caja de pesca de madera revestida en fórmica; cajoncitos y divisiones para atesorar colores que nunca se quedan quietos –viran, se escurren, más que estar guardados vienen a darles a las cosas el brillo que necesitan. “La ceba y el recuerdo / como un ácido / medio verdoso y / corrosivo, / vaporoso pero / cristalino / que penetra en la piedra / –de a poco– / hasta vernos reflejados / en ella”. Diecinueve destellos y una pregunta: ¿cuáles son los colores de la infancia? Y en las palabras las cosas muestran sus verdaderos tonos, como si de fondo la pregunta por el color quisiera decirse de otra manera: ¿puede volver por un instante el brillo a brillar así? Los poemas de Gastón Domínguez arrojan su respuesta: sí, porque hay pique y porque en la escritura irrumpe el recuerdo de quienes nos hicieron ver –de una vez y para siempre– que todo el mar es para nosotros.
Fernanda Mugica
