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Tarjeta de invitación para los días sin brújula
Si perdés de vista el horizonte, vení al mar.
Vení con el mate, la mente dispuesta y el alma inquieta.
Mirá las olas, la espuma golpeando, etérea, contra las rocas, sus tribulaciones,
y la eterna duda entre ir y venir, quedarse o volver a casa.
Porque el mar no pertenece a las rocas, o a la arena tibia. El hogar del mar es la línea azul que lo conecta al cielo.
Cuando estés así, cuando el presente se sienta eterno y tortuoso, mirá para allá. Es la recta perfecta y sagrada de todo lo posible, de los incierto,
de lo que hoy no podés controlar y mañana, no sé.
Mirá el mar y las gaviotas que lo sobrevuelan. Tampoco ellas permanecen demasiado aquí en la tierra.
Venite al mar y quedate hasta que la lengua esté salada y la piel húmeda. Hasta que la mente se calme y el alma encuentre aquí su sosiego.
Somos olas y espuma que van y vienen. Nuestro destino no es muy diferente que el de debatirse, lo que dura la vida, entre quedarnos o partir a cada instante.
Venite al mar, te espero.
