| 1 cuota de $14.000,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $14.000,00 |
| 2 cuotas de $8.364,30 | Total $16.728,60 | |
| 3 cuotas de $5.807,66 | Total $17.423,00 | |
| 6 cuotas de $3.311,23 | Total $19.867,40 | |
| 9 cuotas de $2.462,44 | Total $22.162,00 | |
| 12 cuotas de $2.072,00 | Total $24.864,00 |
Una declaración de principios para abrirnos un fluido de palabras. Después, esas palabras se emplean o, mejor, se tocan como atributos. Los poemas no se atraviesan como juegos de palabras sino que se golpean, se tironean, se aplastan. Al leerlos somos aguijoneados por el deseo: el de palabras que nos afectan hasta desterritorializar el goce entre todas ellas y que huyen del lenguaje natural con el que solemnes y soberbios nos damos el gusto de nominar las cosas. Acá las palabras se vuelven siempre otras, te quitan las nominaciones y te dejan desnombrado. Un hombre sin nombre. Si los diccionarios fueran así seríamos felices. Pero no lo son. Entonces ahí están los poemas creando las palabras nuevas, las palabras otras. La poesía de Leticia Martin te desnombra, te deja exhausto. Al leerla te sentís bien, como agojado. Si un poema no te afecta, no te modifica o se entromete con vos no debe leerse. Cualquier de los que este libro ofrece afecta al punto de someternos a otro lenguaje, a otra lectura y arrancarnos el nombre. Dejarnos sin nombre es también despojarnos de los dispositivos comunes de la lectura, arrancarnos las influencias y los textos leídos, desroparnos. Acá quedamos desnudos entre palabras y por eso seguimos leyendo.
